Ebozo autobiográfico
Mi nombre completo es Maximiliano Javier Paesani, me llaman Maxi y las personas más cercanas en mi familia me dicen Coco. Nací el 24 de Junio de 19## en la ciudad de Salta, a los pocos días estaba de vuelta en la residencia familiar en el Ingenio San Martín de Tabacal. Mis padres Ana Silvia Carrasco y Mario Ricardo Paesani se divorciaron un par de años después, de lo cual no tengo recuerdos. Mi madre vive, y siempre ha sido un modelo a seguir y un apoyo en momentos difíciles. Mi padre puso fin a su vida en 1996. Tengo una hermana mayor del mismo matrimonio, María Verónica , y dos hermanos más del segundo matrimonio de mi padre, Adrián Alejandro y María Grazia. He vivido toda mi vida entre mi casa materna y la de mis abuelos maternos. Mi abuelo por parte de madre, Emilio Martín Wierna, es mi referente, el modelo de lo que considero que debe ser un verdadero hombre y de quién he aprendido muchas cosas (desde manejar un vehículo hasta cómo proceder con cuestiones difíciles). Tengo cuatro sobrin@s fantásticos, hijos de mis hermanos Verónica y Adrián.
He cursado todos mis estudios en instituciones públicas, por lo cual soy un agradecido y un defensor del modelo público, gratuito, laico y obligatorio. En varias escuelas: En la localidad de Cerrillos (no recuerdo el nombre de la escuela), Esc. 25 de Mayo, Esc. Manuel Belgrano de la Prov. de San Luis, Esc. Antártida Argentina del Bº Casino y Escuela Sarmiento donde cursé hasta el sexto grado. Ingresé por examen eliminatorio al Instituto de Educación Media Dr. Arturo Oñativia y completé allí mi secundario. Desde mi ingreso al IEM he transitado por aulas de la UNSa, y sigo haciéndolo. Ingresé en la carrera de Análisis de Sistemas (a la que he vuelto esporádicamente, y que algún día deseo completar), cursé algunas materias de derecho influido por mi madre, pero no me entusiasmó demasiado. Finalmente ingresé en la carrera de Historia, pero la filosofía consiguió engancharme más. En ese momento el núcleo básico de materias era prácticamente coincidente, así que mi cambio a filosofía no me representó pérdidas notables en lo académico. Me recibí de profesor de filosofía en el 2006.
He practicado varios deportes, destacándome sólo en náutica a vela donde obtuve un título de campeón interprovincial (región NOA) en 1993. He practicado también gimnasia acrobática, béisbol, Karate Do Shorin Ryu (con Azadur Lemseyan), y desde 2000 hasta la fecha entreno el arte marcial chino Byakuren Kenpo bajo la dirección del 5º Dan Inst. Rafael Gutiérrez. Me encanta jugar al fútbol pero soy muy patadura.
Con respecto a algo que me destaque socialmente, no encuentro nada que pueda mencionar. De encontrarlo tampoco lo mencionaría puesto que es muy poco elegante hablar bien de uno mismo. Se supone que, llegado el caso, eso queda a cuenta de los demás. Si quisiera señalar un par de cosas de las que me siento orgulloso, en lo personal, podrían ser: dejar el cigarrillo, graduarme en filosofía, graduarme de instructor de Kenpo. Si alguna vez llego a destacarme de alguna manera creo que se deberá principalmente a mi insaciable y polimórfica curiosidad intelectual, y a mi imperativo de intentar superarme a cada momento. Y, todo sea dicho, a mi carácter autocrítico obsesivo.
ENTREVISTA SOBRE LA MUERTE
- ¿Cómo fueron los caminos recorridos desde que eras un estudiante hasta que llego a ser un profesional de la filosofia, enseñando en colegios y universidades?
Como he anticipado, estuve dando algunas vueltas por varias carreras (Análisis de Sistemas, Derecho, Historia) hasta que tomé contacto con la Filosofía. Cuando empecé tenía, al menos así lo veo retrospectivamente, la idea de que, con paciencia y vocación, si leía y estudiaba lo suficiente en algún momento encontraría al menos las claves más importantes para entender el mundo. En esos tiempos hacía mis primeras incursiones en la política y me parecía que las ciencias sociales y la filosofía podían aportar herramientas útiles. Con el tiempo todas estas convicciones se han debilitado bastante en mí, pero he encontrado otros atractivos y placeres en la filosofía.
Con respecto a ser “profesional” de la filosofía es un asunto bastante simple. Cuando uno ingresa en una carrera como filosofía parece saber que el destino natural es convertirse en profesor. Pero de alguna manera uno no le da importancia suficiente y actúa como si en realidad fuera a convertirse en un gran filósofo, que de a ratos tiene que resolver ese detalle menor: hay que dar clases. Cuando se llega a la hora de recibir el título ya hay que ganarse la vida. Y uno de verse como “protofilósofo” amanece a la realidad concreta y deviene “profe”.
En mi caso las transiciones han sido muy suaves. He comenzado como ayudante alumno muy temprano en mi carrera, y desde entonces he estado ganando algunos pesos hablando de ideas ajenas y tratando de fomentar el pensamiento propio. Lo que más he enseñado es Lógica, y es la disciplina sobre la que tengo un par de ideas más o menos bien remachadas. Creo que mi título en vez de decir “profesor de filosofía” debería decir “profesor de lógica”. Soy de los que, como Kant, piensa que no se puede enseñar a filosofar.
He tenido, además, mucha suerte con los trabajos. Hasta ahora no me he visto en la situación de tener que salir a buscar laburo con un diario bajo el brazo. En la universidad he podido ganar varios concursos, en parte gracias a la buena guía que me han dado algunos amigos con más experiencia. Y en colegios mi única experiencia ha sido el Colegio Belgrano. A recomendación de docentes amigos me llamaron para hacerme una entrevista, y después me contrataron. Ha sido mi mejor experiencia como “profe” y, debo confesar, allí aprendí lo que es el verdadero trabajo a nivel pedagógico e institucional. Estoy muy agradecido, especialmente con el Padre Jimeno y la Prof. Analía Berruezo (que me obligó a aplicar una metodología y a adaptarme a pautas institucionales). Creo ser mejor profesor después de eso.
- ¿Qué lo motivo a elegir esa carrera y no cualquier otra?
Como decía antes, suponía que en algún momento estaría en condiciones de comprender, al menos en lo básico, los elementos fundamentales de la realidad y la existencia. Pienso que era una idea bastante naive, y cuando tomé consciencia de eso tuve como una especie de crisis que me alejó temporalmente de la Filosofía. Después entendí que es lo que mejor sé hacer, y que existen maneras más modestas, pero al mismo tiempo fecundas, de filosofar.
Ortega y Gasset dice que uno tiene un cierto destino, lo asuma o no. Creo que el mío está vinculado a la filosofía y por eso continúo.
- ¿Considera que fue una elección acertada o si pudiese volver el tiempo atrás cambiarias de carrera?
Como buen autocrítico obsesivo nunca estoy completamente seguro de nada. Pero considerando retrospectivamente las cosas pienso que en ninguna otra área profesional tendría la libertad de explorar tantos campos distintos del conocimiento. En cierta medida, la filosofía permite alejarse de lo que se ha llamado la barbarie del especialismo. Personas expertas en campos de conocimientos cada vez más circunscritos e ignorantes de todo lo demás. En mi caso no me veo encerrado en una pequeña parcelita de una disciplina cualquiera. Ni siquiera en la filosofía, donde es tan común el profesional que conoce todo lo que se ha dicho y escrito sobre, por ejemplo, Hegel, o Heidegger o cualquier otro autor. Siempre fui incapaz de leer las obras completas de nadie. Me inspiran los problemas y no los autores. Mis héroes intelectuales son personas como Aristóteles o, más cercano a nosotros, Dan Dennett. Pensadores que tienen la capacidad de romper barreras disciplinares y comprometerse en el desarrollo de hipótesis comprometidas y pensar en formas rigurosas de someterlas a prueba. En resumen, pensadores que están preocupados por las cuestiones a debatir, más que por lo que dijeron otros. En el caso de Aristóteles podemos ver que siempre hace sus deberes, sabe bien, y expone, lo que otros han dicho. Pero su interés principal es el problema que tiene entre manos.
- ¿Cuéntenos, como es la vida de un filósofo en estos tiempos modernos? ¿Considera que la filosofía va en ascenso o descenso?
No podría decir cómo es la vida de un filósofo, porque sería un exabrupto considerarme uno. Además creo que más que tiempos modernos vivimos en tiempos ultramodernos, pero esto es algo que he empezado a decir hace muy poco, y merece mayores explicaciones. Digamos por lo pronto que lo ultramoderno no se identifica con lo “posmo”.
Supongo que cada filósofo vive su vida de distintas maneras. En general, pensándolo un poco, creo que la vida de un filósofo puede ser bastante divertida si a uno le gusta la actividad. Si no me equivoco consiste básicamente en conocer opiniones ajenas, y tratar de formular al mismo tiempo las propias, con cierto rigor y sistematicidad. Creo que un filósofo no puede ser un opinólogo que deja caer la primer idea que le surge entre oreja y oreja. Debería meditar, comparar con lo que han dicho otras personas, pensar en los fundamentos que le llevan a sostener algo, en las consecuencias que se siguen de sostenerlo, y tomar decisiones teóricas. Esto, por otra parte, es algo que cualquier persona razonable debiera hacer. Lo característico de los filósofos profesionales es que encuentran ya un campo de cuestiones que los seres humanos han meditado en distintos lugares y a lo largo del tiempo, y sobre las cuales no parecemos alcanzar claridad suficiente. Una idea minimalista de la tarea del filósofo es pensar que nuestra ocupación principal es disponer de un repertorio de ideas y métodos que nos permiten ayudar en la discusión sobre problemas vitales. Otra idea que me gusta mucho es la de Daniel Dennett: la filosofía es eso que hacemos cuando todavía no sabemos cuáles son las preguntas correctas. Resumiendo, creo que la filosofía es un ejercicio de encararse sin vacilaciones con la perplejidad, intentando traer claridad donde hay confusión. Es raro que tengamos éxito completo en esto.
Respecto a la situación de la filosofía… Nunca ha tenido demasiado éxito ¿No? El filósofo tiene entre sus deberes decir a voz cantante lo que, muchas veces, nadie quiere escuchar. El caso de Sócrates bebiendo la cicuta es uno de tantos. Pensar, en ciertas circunstancias, puede ser un oficio muy peligroso. Es obvio por otra parte que, si a la gente le interesara tanto saber de Sócrates y Platón como de Messi y Milito, habrían al menos tantos Fox Sports como canales Encuentro. En ese caso, quizá yo tendría tanta audiencia como Toti Passman. Sería bueno, porque mi situación económica sería mucho mejor de la que es. Pero las cosas son como son, y yo soy enemigo del quejumbrismo desencantado y melancólico. Pienso que, a pesar de todo, vienen buenos tiempos para la filosofía. Vivimos en tiempos muy inciertos y, como dije, el filósofo es, o debería ser, un malabarista de la incertidumbre. En los estantes de las librerías podemos adivinar cierto hambre de filosofía (y de historia). Las personas necesitan comprender. Convivimos en un movedizo ultramodernismo dentro del cual amplios sectores sociales viven con sus necesidades materiales inmediatas satisfechas (otros, por supuesto carecen de lo mínimo para vivir, pero esta es otra cuestión), y sin embargos sienten que sus vidas están vacías o carecen de sentido. Creo que en ese aspecto la filosofía tiene muchas cosas para decir. La verdadera vida filosófica es una marcha ardua en busca del sentido.
- Teniendo en cuenta que usted es un pensador en constante desarrollo, a quien le gusta reflexionar y aprender todo el tiempo ¿Qué reflexión puede hacer sobre la muerte?
Primero que nada, debería manifestar mi agradecimiento de que me consideres un pensador. Es cierto que me gusta aprender y reflexionar pero, a pesar de lo que dicen los que no me quieren, no tengo una imagen tan inflada de mí mismo. Voy a tratar de estar a la altura de la pregunta…
No me queda más remedio que repetir algo que han dicho otros y mucho mejor: la muerte es la única certeza absoluta que tenemos en nuestra vida. Desde que nacemos estamos viviendo de prestado. Yo tiendo a pensar que el problema metafísico es más bien el tiempo que la muerte. No creo en vidas ulteriores, pero si muriera y llego al cielo, pediría inmediatamente una audiencia con Dios para preguntarle a qué viene este chiste de mal gusto del tiempo.
Esto con respecto a la cuestión metafísica de la muerte. Después están las cuestiones operativas, burocráticas, de la manera en que vamos a parar a la quinta del ñato. Creo que hay un par de formas de morirse que, como buen cobarde, me asustan bastante. Por ejemplo, morirse ahogado. Creo que es mejor que a uno le peguen un tiro en la nuca, y chau. Pero en esto mucho no podemos elegir. Como casi todos los seres vivos tengo ganas de seguir viviendo. Muchos dicen que no temen a la muerte, pero les aseguro que si la parca les toca la puerta le van a contestar de la misma manera que le contestan al cobrador ¿Por qué mejor no vuelve mañana? A veces el deseo de vivir se agota, pero en general existe la tensión para persistir en el ser.
Volviendo a la cuestión metafísica, siendo ateo, como soy, supongo que uno desaparece. Quedan los restos de lo que uno era, pero eso que denominamos, aunque no sean sinónimos, “yo”, “consciencia”, “espíritu”, cesa de existir en cuanto para la maquinaria. Por otra parte, es lo que deseo. Nuestra existencia consciente es parte de lo que hace que valga la pena vivir, pero también puede ser una carga opresiva. Deseo extinguirme completamente en algún momento. Que no quede ni la más mínima huella cósmica de lo que solía ser Maximiliano Paesani. En esto juega a mi favor esa broma de mal gusto del tiempo. Si uno tiene paciencia estelar todo queda enterrado en el olvido. En mi caso, el olvido es algo muy importante, pero sería muy largo explicarme sobre eso.
- Entonces ¿Cuál es el significado de muerte para la filosofía?
Supongo que eso dependerá mucho del filósofo a quién uno vaya a preguntarle. Yo la considero importante porque es la fecha de vencimiento. Significa que deberíamos tener mucho cuidado con lo que hacemos a cada momento. Como vemos, siempre regresamos a la cuestión del tiempo. Pensamos en nuestros instantes como bolillas que sacamos de una vasija sin fondo: siempre habrá más de donde vino la última. Pero la vasija tiene fondo, y puede ser mucho menos profundo de lo que pensamos.
En esta materia, mucho más que la filosofía occidental me ha influido la oriental, que me ha llegado en principio por mi afición a las artes marciales. En el Bushido, el código del guerrero, se especifica que el primer deber de un samurái, de un guerrero, es saber a cada instante que va a morir. Eso lo pone en la obligación de ajustar cada gesto y conducta. Los guerreros samurái tenían la notable particularidad de combinar la destreza marcial y la fiereza guerrera con una sensibilidad estética y filosófica muy refinada. Podían dominar tanto el arte de la espada como el de la escritura de Haiku, esos bellos poemas breves. La vida es algo muy preciado que adquiere más valor cuando uno toma consciencia de la muerte.
Resumiendo, creo que anticipar nuestra muerte nos hace valorar más la vida. Por otro lado, creo que, pasando el umbral burocrático del modo en que uno muere, es la mayor liberación. Paradójico ¿no? Más influencia oriental…
- ¿Considera que la muerte es buena o mala?
De acuerdo con lo que he venido diciendo, me parece que es algo bueno. Pero, como en todo, hay que matizar. Está claro que no lo consideramos algo bueno cuando la muerte adviene por arbitrariedad. El asesinato es, a todas luces, algo malo.
No me siento capaz de responder una pregunta tan compleja en unas pocas líneas. Debería pensarlo con mucha más profundidad y tiempo.
- Platon, en boca de Socrates nos dice que la filosofía es aprender a morir ¿Está de acuerdo con esto?
Sin duda alguna, sería bueno que la filosofía pueda ayudarnos a encarar la muerte con coraje y dignidad. Eso sólo ya justificaría el filosofar. Creo que la filosofía hace muchas cosas. Tranquilamente el entrenarnos para la muerte puede ser una de ellas. También pienso que debería ayudarnos a enfrentar la vida.
- Si en la Biblia se habla de la inmortalidad porque piensa que el hombre debe valorar la vida, cuando le digo la palabra "muerte" ¿que se dibuja en su mente?
No soy muy versado en exégesis bíblica. Creo, sin embargo, que todas las tradiciones espirituales señalan, de una forma u otra, que el hombre debe cuidar y valorar su vida. La vida es un regalo bastante extraño y un evento altamente improbable en el devenir cósmico. Hemos sido beneficiados con una existencia consciente, y probablemente deberíamos honrar ese beneficio. En el caso de la Biblia es claro que la vida es un don que Dios otorga, y que sólo Él debería quitar. Además nos ofrece la posibilidad de vida eterna. Yo no soy creyente, pero es una idea que tranquiliza a muchos. Yo cambio la vida eterna, como he dicho, por mi desaparición absoluta. Y, contestando a la otra parte de la pregunta, eso es lo que me represento por “muerte”, entendiendo la muerte como el estado después de que uno muere, y no como el hecho de morir. Para decirlo en una fórmula inexacta, pero breve: la muerte es la extinción completa del ego. (Desde este punto de vista, las personas que han perdido su identidad por lesión o estado vegetativo me parece que están en parte muertas).
- ¿Adónde cree que vamos cuando termina nuestro ciclo de vida? ¿Al cielo, al infierno, al purgatorio, o tiene alguna otra teoría?
Cuando termina nuestra vida, si el seguro o los parientes corren con los gastos, vamos a parar al cementerio. Ésa es mi teoría. Claro que “eso” que va a para al cementerio en realidad ya no somos nosotros. Lo que éramos ha dejado de existir con la muerte.
- ¿Qué piensa que hay más allá? Es decir, en el lugar en el cual comenzamos a habitar cuando fallecemos.
No podría decirlo porque no he tenido la experiencia de estar muerto. Y los que se mueren tienen la pésima costumbre de no volver para contar qué hay. (Dicho sea de paso, si alguno tiene la intención de hacerlo preferiría que elijan a otro interlocutor).
Como ya he dicho, prefiero que no exista nada de eso. Pero si hay algo, espero que sea muy lindo para que las personas muertas a las que he querido mucho se sientan bien, y me aguarden para que podamos conversar de nuevo. En lo personal me gustaría ir al cielo de los vikingos para hacer torneos de combate durante el día, ser curados por la noche y tener grandes fiestas con hidromiel y muchas princesas nórdicas de largas cabelleras rubias y espíritu festivo. Pero desde hace unos cientos de años los vikingos dejaron de pelear en batallas y se hicieron pacifistas y socialdemócratas, así que no es fácil morir en combate con ellos para ganar la entrada al cielo…
- Hay persona que piensan que los muertos sienten dolor ¿Qué piensa de eso?
Dado que no creo en la vida en el más allá, tampoco creo que los muertos sientan dolor o ninguna otra cosa. Los muertos tienen, desde mi punto de vista, la única inmortalidad posible: como recuerdos de los que aún seguimos.
- ¿Cree que los seres espirituales (fantasmas) existen y pueden estar "estancados" en la tierra con nosotros?
No tengo razones de peso para creer que algo así pueda ser cierto. Pero me encantan los relatos fantásticos y de horror.
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